Veintidós veces: hasta siempre.

 [ Català / Castellano ]

Tenía pendiente el adiós; un adiós y hasta pronto que he demorado. Y ya ha llegado la hora.

Tras cuatro meses en el Senado, nuestra vida se ha vuelto extraña. Nuestras rutinas han variado; las compañías, las tareas, las percepciones de la realidad. Que hemos aprendido mucho, y justo ahora empezábamos a entender algo. Y que hemos visto la peor cara de la política y del poder, y también la sonrisa de quien, aun así, sin desesperar, lucha.

Y yo tenía pendiente el adiós, un adiós y un hasta pronto a las 22 personas con las que he compartido esta aventura – el grupo parlamentario que hemos conformado Podemos, En Comú Podem, Compromís y En Marea -; éramos todos nuevos, y juntas hemos transformado nuestra diferencia en valentía y orgullo.

Y es que este grupo ha sido una experiencia brutal de lo que significa la diversidad y su riqueza. No podíamos ser más diversos, éramos absolutamente divergentes; edades, sexos, procedencias, experiencias vitales heterogéneas, capacidades y mobilidades, lenguas, incluida la de signos, opciones sexuales y estructuras familiares dispares; hemos hecho florecer el color de los márgenes. Dicho sea de paso; si España fuera como este grupo parlamentario, la plurinacionalidad sería una obviedad.

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He podido vivir la pasión de Ramón, brillante, que azota las élites y pone nerviosa la bancada popular; nada molesta más al PP que sea un madrileño quien les hable de derecho a decidir y de que no hay patriotismo con el dinero en Panamá. Maribel, poderosa, y su lucha implacable contra los abusos cometidos en las fronteras, en las cárceles, en los CIES y los espacios invisibles; e Idoia, su dulce y tenaz reclamo de los derechos humanos, empezando por los de la infancia.

Y he visto la alegría de cinco vascos que se podrían comer el mundo; ese vaso siempre medio lleno de Conchi, la palabra explosiva y no domesticable de Josetxo y la presencia insondable de Ángel; la ternura implacable de Viruka y la potencia de Miren, que tan pronto te canta un Irritzi como despliega su conocimiento brutal como catedrática de Derecho Constitucional.

Y la naturalidad de Moncho, de Canarias, y el amor por la naturaleza, por la Tierra, por la vida, de Margalida, de las Baleares; la suave inteligencia de María Alemán y como no quitarse el sombrero ante Virginia, que reclama con una finura implacable la accesibilidad de esa cámara y del resto del mundo.

Y Vane, comunista galega, que habla con contundencia de sexualidades diversas, de identidades sexuales no estereotipadas; y Jose Buitrón, todo dignidad, un médico en defensa de la sanidad pública. Y tres valencianas que hacen temblar a Rita; Carles, que trabaja él solo más que el conjunto del Estado, Dolors y un pisar fuerte y una experiencia bárbara; y Pilar, valiente, para quien no existe un imposible.

Y allí en medio nosotras, los cinco de En Comú Podem. Han crecido conmigo, muy cerquita; Óscar, y con él incontables reivindicaciones del mundo del trabajo, colectivos y clamores de fábrica. Sara y su fuerza, su fuego, y con ella Palestina, Idomeni e infinidad de dolores de mundo. Celia y su alegría arrolladora, ese asumir retos sin miedo. Y Joan, cómo no, Joan y su rigor discreto, su lucha implacable por una Justicia justa, sin tasas y despolitizada.

Y así de golpe, mientras aprendíamos a ser lo que éramos, ha llegado el mes de Mayo sin gobierno, y las Cortes se disuelven a la espera de elecciones. Nos decimos adiós, hasta siempre, y empezamos un lapso de tiempo dedicado al balance, a pisar las calles y a rendir cuentas. Una especie de espera activa que se acabará el 26 de Junio; cuando la ciudadanía decide si debemos seguir por donde íbamos o nos volvemos, cada uno a su vida.

Hoy nombro 22 adioses sin dolor, pues hay experiencias que te juntan sin fisuras. Dar la batalla contra el cinismo, el machismo, el clasismo, el racismo y el conservadurismo del Partido Popular, allí, a viva voz, a viva piel; eso te acorta la vida, pero a cambio crea vínculos indestructibles. Y estoy orgullosa de lo que hemos sabido ser durante estos meses.

Dicho esto, estoy segura de que volveremos – nosotros o bien otras -; y que seremos más; más fuertes; más diversas, más unidas; más preparadas para cambiar el mundo. Para poner la política, definitivamente, al servicio de la gente corriente. Prepararos y coged carrerrilla, porque ya no queda ninguna duda de que unidas… ¡Unidos Podemos!

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