Surrealismo en el Senado.

[català / castellano]

Estas dos últimas semanas – y dos plenos – se mezclan en mi memoria. Flotan, como en un sueño.
Irrealidad – Cuando nos visita el gobierno. Que hace once meses que les esperamos, que pedimos que vengan, que gritamos que vengan: fiscalizar lo que hace el Gobierno es nuestro trabajo, también. Estaban en funciones, y callaban. Ahora ya no pueden callar más, y por fin vienen. Desembarca Rajoy y uno(a)s cuanto(a)s ministro(a)s; les hacemos preguntas y nos responden respuestas que no responden nada. Obviedades, falsedades, retórica. Esperaba que, viéndolos de cerca, parecieran más reales, terrenales, pero siguen pareciéndome un plasma. Incluso hablando a pocos metros, nos separa un abismo de plástico.

Surrealismo – Cuando interpelo a la Ministra de Igualdad. Le pregunto por los recortes practicados en materia de lucha contra la violencia machista; unos recortes crueles (entre 2010 y 2016, -24% en prevención de la violencia machista; y -41% en promoción de la igualdad) y ella me responde que no es así. Que me lo invento [las cifras las leo directamente de los Presupuestos Generales del Estado]. Que ellos no recortan, que lo que hacen es invertir. Y que no necesitan tanto dinero porque ahora reciclan las campañas de la tele.

Desconcierto – Cuando salimos del Senado y cae la noche. Que el frío ha llegado a Madrid y de repente las luces de Navidad llenan las calles y el ambiente brilla. Pienso en Macaulay Culkin. La gente pasea y compra, y nosotras – que salimos de escuchar a Soraya Sáenz de Santamaría y compañía – paseamos a la deriva. Llegamos a la plaza Callao, superpoblada y llena de focos, y una marabunta de gente nos arrastra a gritos. Se ha parado un coche negro y dentro va Brad Pitt. La euforia nos golpea, el mundo tiene otro ritmo. – Y tengo frío, y me doy cuenta de que no llevo ninguna bufanda. Me extraña. Me compro una.

Incredulidad – El día de la muerte de Rita. Que llego al Senado a las nueve menos cinco, justo la hora en que debe comenzar a sonar una alarma insoportable que te recuerda que tienes que entrar al hemiciclo a toda hostia, y mi paso es ligero y la alarma no suena. El Senado es puntualísimo, algo debe estar pasando. Alguien me detiene. Rita ha muerto. ¿Cómo? Rita Barberá, que ha muerto. Se le hace un minuto de silencio. Ahora. – Así que juntamos nuestras filas {la estupefacción impera} y hablamos sobre cómo hacer para mostrar respeto en el terreno personal, y no apoyo en la lógica política. En cualquier institución, si una persona en activo se muere se le hace un minuto de silencio. En el Congreso no tenía sentido; en el Senado tenía todo el sentido. Así que entramos y guardamos silencio, pero no aplaudimos. No hay nada que aplaudir. – Y la sensación de irrealidad lo llena todo. Y los medios queman.

Alucinación – Cuando Mariu y yo decidimos tirar de un hilo: la Ministra de Igualdad ha insinuado que los gobiernos del PSOE lo que presupuestaban para Igualdad no se lo gastaban. Así que lo investigamos y vemos que es cierto, pero que el PP tampoco lo gasta entero, y menos aún. ¿Cómo es eso posible? ¿Presupuestamos una miseria para Igualdad y no la gastamos? Pensad que el presupuesto de esta partida no llega al 0,005% del Presupuesto total del Estado. Cuando en el siguiente pleno {y de una semana a la otra hay dos asesinadas más} hago la propuesta de aumentar la partida económica y – ¡por-el amor-de-dios! – gastarnos lo que presupuestamos para proteger a las mujeres y para combatir el machismo; me parece estar proponiendo una obviedad. Pero el PP (él solo) lo veta.

Estos días todo tiene poco sentido. Y saliendo del despacho tengo frío. Me doy cuenta de que no llevo ninguna bufanda, y es imposible. Alguien me esconde las bufandas y ya no tiene gracia. – Me compro otra y me la ato al cuello.

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