Salvar vidas.

[Catalán / Castellano]
Empecé aquí en el Senado muriéndome de ansiedad. Cada cosita, por pequeña que fuera, cada noticia que irrumpía en los telediarios siendo competencia del Gobierno central, me obligaba a saltar de la silla con un susto clavado en el cuello.

Debo hacer algo, algo hay que hacer. Y las cosas a hacer eran inmensas, infinitas, inalcanzables. Listados y listados de temas, de frentes abiertos. Y un margen de acción minimíssimo – el Senado, con mayoría absoluta azul – y una desesperación creciente.

Hoy, sin embargo, y por un tiempo, estoy en calma. Hace unas semanas que he focalizado, que comienzo a aprender a hacer una cosa tras la otra. Sin cargar con todas las culpas y todas las responsabilidades del mundo. Sólo las asumibles, sólo las propias.

En estos momentos tengo un objetivo. Un de concreto, y sólido, y principal. Y es llegar a verano sabiendo exactamente qué hay que cambiar del sistema de lucha contra la violencia machista para que deje de tener tantos agujeros, tantas carencias. Un sistema que salve esas vidas.

Así; nos reunimos cada semana. No somos más de diez personas. Cuatro del PP, dos socialistas, una de ERC, una del PNV, una de Coalición Canaria y yo misma. Las diez escuchamos, semana tras semana, la opinión y las propuestas de personas expertas sobre qué habría que cambiar. Escuchamos palabras que nos destrozan el corazón. Y el humor. Y casi el amor por la vida.

Hoy mismo, el jefe de Policía que dirige las operaciones contra la trata de mujeres nos explicaba cómo las traen las mafias, cómo las esclavizan, las violan. Como las obligan a prostituirse. Las aterrorizan. Y cómo la sociedad no quiere aceptar que aquella mujer que baila con poca ropa, una copa en la mano y una sonrisa, puede esconder el terror de una víctima explotada.
Suele esconder. Esconde.

Escuchamos jueces y fiscales. Policías y médicos. Abogadas. Trabajadoras sociales e investigadores. Escuchamos las víctimas directas de la violencia. De la que reciben las mujeres por parte de su pareja, pero más; de la que reciben las mujeres por el hecho de ser mujeres. De las prácticas de violaciones en grupo que van en aumento. Del ciberacoso que se multiplica. De tantas y tantas formas de dominación que aún radican en la ideología del machismo. Que perviven, que encuentran nuevas expresiones de un mismo fenómeno: la creencia en la superioridad masculina, el desprecio por el cuerpo y la vida de las mujeres. Escuchamos una lluvia de voces que nos entierran en el dolor.

Un dolor que impacta en nosotras diez al mismo tiempo, y eso es positivo. Pues el dolor nos golpea durante horas, semana sí semana también y hasta el agotamiento, y nos permite encontrar aquel mínimo común denominador que puede haber, que a la fuerza tiene que existir. Aquellos puntos en que nos podemos poner de acuerdo desde un lugar de simple humanidad. Del sentido humano más elemental. Salvar vidas.

Este es el objetivo para mis semanas de primavera. Hallar y pactar el mínimo común denominador que nos hace personas y puede salvar vidas. ¿Lo conseguiremos?
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