Refugiados sin refugio.

Català / Castellano

Los llamamos refugiados aunque no les damos refugio. Sobre ellos, sobre ellas, hoy hablan en el pleno del Senado Sara Vilà y Maribel Mora, dos senadoras que invocan, en nuestro nombre, la rabia, la indignación, la impotencia bárbara que provoca ver que nuestra Europa es cómplice e incapaz. Los pies en el barro y las amputaciones por el frío. Las heridas de las concertinas. Los cuerpos flotando en las costas. Y la denegación de auxilio que protagoniza Occidente.

Un Occidente, nuestro, que es parte del problema, desde las raíces; culpable de dolor, de promesas incumplidas, del reparto territorial y de influencias, de la colonización económica desde hace ya tantas décadas, de la manipulación y la connivencia torpe con los gobiernos de la zona, de la creación y el adiestramiento de milicias extremistas, de tantas muertes y de la humillación vivida por tantos pueblos, tantas generaciones, que permite que hoy el Oriente Próximo sea un ahogo. Un sitio herido donde la locura tiene un espacio. Nada justifica el terror, e intento leer a Joan Roura para entender algo de cómo hemos llegado hasta aquí.

Hoy, os decía, habla Sara: censurando la posición del Gobierno en relación a las personas que necesitan refugio porque huyen de la guerra y del pánico. A España debería acoger 17 mil personas, una miseria. De estas 17 mil, hemos recogido a día de hoy 18. No 18 mil sino 18. Dieciocho personas. La mitad de la población siria ha abandonado Siria porque allí no se puede vivir y nosotros acogemos 18. De hecho, sólo uno de ellos es originario de Siria. Un sirio, tenemos. Uno.

Sara habla hoy de exigir al gobierno que cumpla con lo que le corresponde. Y habla hoy de la vergüenza del acuerdo UE-Turquía, un acuerdo de expulsión que nuestro gobierno ha firmado aunque el Congreso decidió no hacerlo; un acuerdo que incurre en delitos como la denegación del socorro, el tratamiento degradante, y la deportación de personas que deberían disfrutar de una protección especial según el Derecho Internacional, pues acoger a los que huyen de conflictos armados es uno de los derechos humanos más elementales. El pilar de un mundo con humanidad.

Hablará pues, de garantizar vías de acceso seguras; es necesario que el tránsito de estas personas, el penoso viaje que significa abandonar tu casa en llamas, dejar tu mundo para marcharte sin nada, a menudo sin nadie, esté amparado por la protección internacional. Hay que abrir caminos donde hay barreras. Y hay que volcar solidaridad y recursos en aquellos países que en estos momentos afrontan el conflicto en propia piel. Todas somos Grecia, hoy, de nuevo. Y todos aquellos campos llenos de barro, y aquellos pueblos donde la gente se levanta cada mañana para lanzarse a sacar gente del mar. Se necesita dinero, allí, y hay que abrir vías seguras para permitir la salida.

Hasta aquí, una demanda de mínimos. Un recosido. Una pequeña tirita. Después habrá que ver cómo hacer para que vivir en Siria, y quien dice Siria dice Irak y tantos lugares, hoy no sea imposible. Y Sara pide empezar por lo que está en nuestras manos: instar al Gobierno a suspender de manera inmediata la venta de armas y el apoyo militar a Arabia Saudí, responsable directa de crímenes de guerra en Yemen, de bombardeos en Siria, y de facilitación de armas a grupos yihadistas.

Este ya sería un buen parche. No enviar armas. Pero si he entendido algo, aunque poco, faltará aún que Occidente acepte retirarse poquito a poco, y renunciar al control económico de la zona – madre de todos los huevos -. Dejar de utilizar el Oriente Próximo como un gran pozo de petróleo a nuestro servicio. Dejar de enviar sufrimiento, control y muerte, y enviar recursos que permitan la reconstrucción de la vida. Edificar bienestar, pues los sistemas de terror fracasan cuando no encuentran masa social a la que agarrarse.

No parece que sea este el camino que toman los gobiernos de Occidente, tampoco nuestra Europa [tampoco España], justo al contrario. La opción elegida es cerrar fronteras revictimizando las víctimas de la barbarie; bombardear Siria cada vez que hay un atentado en Europa – cometidos por europeos – creando más refugiadas; e invertir en defensa mientras nos recortan libertades. Tenemos la Patriotic Act de los Estados Unidos a tocar de los dedos.

Pero os presento también a Maribel. Porque tenemos otro horror a nuestras puertas. El silencio que guardamos sobre la frontera sur: personas que desesperan tras las concertinas de Ceuta y Melilla; que saltan, que mueren; las que se ahogan; las que son víctimas de mafias, de violencias; por no hablar de los menores que vagan solos por las ciudades. Decenas, que mendigan en las calles, que son agredidos por grupos racistas organizados. Muchos están ya en tierra española pero aquí tampoco parece que tengan derecho a vivir.

Maribel hoy habla de las devoluciones en caliente, una práctica policial ilegal pero muy habitual desde 2005; Devolverlos sin ningún paso previo, sin saber si son menores, si huyen de una guerra, sin tutela judicial, sin palabra de por medio; una flagrante vulneración de los derechos fundamentales. Este procedimiento pasó a ser legal en el año 2015 a través de una disposición adicional en una ley que ha sido denunciada como contraria al Derecho Internacional y a los Derechos Humanos. Hoy proponemos eliminar las devoluciones en caliente y su amparo legal; os puede parecer un detalle, en relación al conjunto del drama; pero es un detalle brutal.

A todo esto, después de una mañana de debate, hoy existía un gran consenso entre casi todos los grupos políticos para poner en marcha, como mínimo, los parches. Hay diferentes visiones sobre la raíz de las causas, sobre las grandes políticas rectoras, pero hay acuerdo en lo evidente, urgente, y lo que clama al cielo: las primeras tiritas aquí descritas. Un mínimo de humanidad. Pero este mínimo de empatía, de dolor de mundo, el PP no lo tiene. Así que palabra tras palabra, argumento tras argumento, responden que no; NO. Con petulancia y desdén responden que ni hablar. Que no a eliminar las devoluciones en caliente, que no a censurar el acuerdo UE-Turquía, que a no cumplir con la acogida que le corresponde a España, que no a todo. Que ellos ya lo hacen, que lo hacen todo bien. Que España es “ejemplar” (sic) y que, además, están en contra de “los flujos irregulares migratorios”, comentario que prueba que no han escuchado nada durante toda la mañana de sesión. Su bancada aplaude alegre, y yo tengo ganas de llorar.

Claro que, de hecho, no podemos olvidar que ellos son quienes son, y que vienen de donde vienen.

Camino hacia el exilio. Mujeres y hombres republicanos huyendo del terror franquista. Año 1939. – Imagen idéntica a la que hoy choca contra nuestras fronteras.

Anuncis