Primer pleno: España soy yo.

Por fin, tres meses después de las elecciones, se convoca el primer pleno ordinario del Senado. Comenzó ayer a las cuatro de la tarde y terminamos a la una de la madrugada. Expectativa total. ¿Porque tenemos el país repleto de problemas? No. Por si vendrá o no vendrá Rita. Y Rita vino. Vestida en rojo de pies a cabeza, se dedicó a pasearse entre las filas populares saludando, riendo, gritando, abrazando. Desafiando; demostrando que ella está protegida. Que no tiene miedo. Que tiene poder.

Casi lo peor del pleno: el ruido. La mala educación que impera en las filas del PP, y no se queda corta la bancada socialista. Se instala un rumor de fondo que hace que cuando hablas no puedas concentrarte. Y que escuchar, al cabo de las horas, se haga imposible.

Pero lo peor, sin duda, son los debates que llegan a este pleno. De nuestra parte, llega la demanda de crear una Comisión sobre los derechos de la infancia, ya que la legislación internacional marca una protección de los niños y niñas superior a la que tiene España. El PP y su mayoría absoluta nos dicen que infancia no; que familia.

De parte del PSOE, llega una moción que pide paralizar la Ley de Educación del PP; nosotras la queremos derogar, y por lo tanto nos parece insuficiente pero no mal, así que la enmendamos y la votamos a favor. El PP y su mayoría absoluta les dicen que ni hablar. Que su Ley de Educación es lo mejor que le ha pasado en España desde los años setenta. Literalmente.

Y de parte del PP, atención; dos mociones (¿porqué dos? Exacto; la mayoría absoluta), una para mantener las diputaciones, y otra para proteger la Unidad de España. Brutal. Maravillosas prioridades. Y todo lo que decimos, enmendamos y rechazamos el resto de partidos – 8 horas de pleno – no tiene ningún valor. Despliegan su superioridad numérica sin matices. Reparten carnés de españolidad.

El ambiente era tenso. Intenso. Cada vez más denso. Y hacia las ocho o las nueve de la noche, me tocaba hablar. Por primera vez en un pleno, una Moción del PP y sobre la Unidad de España. ¡No hay dolor! Cinco minutos tenía, para defender nuestras enmiendas a su Moción. Lo cierto es que se lo habíamos enmendado todo, punto por punto, porque no había ni una línea salvable de ese texto vacío, rancio y provocador. Se resumía así: España Una, España Grande. Nada más. Y salí a hablar, nerviosa y cansada después de cinco horas de ruido, para desplegar todos los argumentos a mi alcance. Aquí el vídeo y las palabras exactas.

Lo cierto es que verlos allí, escucharlos, es una experiencia abrumadora. Hay momentos en los que cuesta creer que sean reales aquellas palabras, aquel pensamiento, aquella gente. Pero lo son: su conservadurismo hermético, su visión rígida de lo que es el mundo. Claro que para ellos también, descubrirnos allí, oírnos hablar, se les hace, no tengo ninguna duda, insoportable.

  
  

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