Hasta que el papel sea realidad

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Es septiembre, el primer pleno en el Senado; y, feministas de mi vida; os debo una explicación.

Existió un fin de semana de julio en el que, días intensos, dos situaciones fundamentales se mezclaban como dos pinturas. Por un lado, el Pacto de Estado contra la Violencia Machista. Por otro, el nacimiento de mi hija.

Cuando, meses atrás, el horror de la violencia machista por fin parecía imponerse en la agenda de primer orden, me abalancé sobre el tema, de cabeza.

En el Congreso, la promesa de un gran Pacto era enorme, la expectación era máxima, la tensión era terrible y la presión de los medios era constante.

En el Senado, nuestro mandato era concreto: nos habíamos auto-convocado a una cuidadosa revisión del sistema de protección y lucha contra la violencia machista; para identificar los agujeros negros, las faltas, los errores, y consensuar – {representantes del arco parlamentario entero, con nuestras visiones del mundo antitéticas} – qué hay que cambiar, hacer, deshacer, para que la institución dé una respuesta digna. Protección. Y erradicación de las causas.

Hemos trabajado acompañadas de silencio, construyendo, ya que nadie nos miraba ni para mal ni para bien. Y después de meses de comparecencias, de escuchar expertas con el corazón encogido, nos pusimos a redactar, a negociar, a explorar la posibilidad de acuerdos. En qué sí estamos de acuerdo. Todo lo que era terreno del no, se dejaba caer; y habrá que lucharlo desde otras trincheras.

Y evidentemente, elementos clave quedaban dolorosamente excluidos. Pero hemos encontrado margen, espacio para la apertura, más voluntad de acercar posiciones y acotar soluciones de lo que mi (pre)juicio podía haber previsto.

Aquí os dejo una valoración del Informe: ​


Y aquí, el documento entero aprobado: http://www.senado.es/legis12/publicaciones/pdf/senado/bocg/BOCG_T_12_134.PDF

El Informe es un listado de actuaciones concretas que mejorarían (mejorarán, ¡espero!) el sistema de lucha contra la violencia machista. Lo reivindico como parcial pero positivo; y lo empujamos adelante para enviarlo como aportación al Pacto de Estado; un Pacto que – a nuestro entender – sólo será verdaderamente de Estado cuando abandone las moquetas; cuando comprenda que debe ser no sólo político, sino también social y ciudadano.

Asimismo, este documento es una exigencia concreta y directa al Gobierno. 267 compromisos con los que seremos implacables. Entre ellos, pequeños grandes cambios que, de aplicarse, pueden ofrecer un curso diferente a la vida de muchas mujeres.

Este pensamiento me hizo llegar a Julio sin aliento. Sabiendo que, viniendo de donde vengo – de hacer investigación sobre género – y estando donde estoy – en el Senado y su mayoría absoluta azul – arrancar compromisos en esta materia era, para mí, una valiosísima oportunidad para encontrar un resquicio para cambiar un cachito de mundo.

Hemos revisado cada palabra, cada coma y cada punto. Donde dice “instar” me pones “asegurar”. Hemos enmendado el texto infinitas veces, en una negociación en la que cada una de nosotras – ideologías contrarias – valorábamos hasta dónde podíamos estirar, qué era irrenunciable, en qué podíamos ceder y en qué no, todos los argumentos esparcidos sobre la mesa.

Y arrastré este documento hasta el final, hasta la noche en que mi compañera se puso de parto. Cuando ella tenía contracciones, yo la cogía, la abrazaba. Cuando ella descansaba, incluso dormía, yo seguía enmendando el documento. Era el último día de negociación, y el primero de una vida que cambiaría las nuestras definitivamente. Yo no estaba dispuesta a renunciar a nada.

Mi hija tardó muchísimas horas en salir, y cuando salió me temblaban las piernas. De maravilla, de cansancio, de amor. Es una sensación brutal ver salir un cuerpo de otro, una magia deslumbrante tocarla, sentirla, escucharla. La amas inmediatamente.

Y esta semana, de vuelta a Madrid, – ¡y cómo cambia la mirada sobre el mundo cuando hay una cosa pequeña que te espera en casa! – el documento llega al pleno. El Senado en bloque lo ratifica; luz verde. Una luz verde sin fisuras.

Y adiós, documento, adiós; que con tus carencias y tus grandezas, ahora emprendes tu marcha hacia el Gobierno; hacia la mesa de una Ministra que va a tener mucho trabajo, y que nos tendrá día tras día encima. Vigilantes. Exigentes. Impacientes.

Hasta que el papel sea realidad. #PorEllas. Seguimos.

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